
🌑🌱 🌑Sol, dos veces
🌑Del 15M al Sindicato de Inquilinas: cómo las redes de activismo, el acceso al poder y la crisis de la vivienda conectan dos protestas separadas por quince años.
I. Mayo de 2011
España amaneció con un 21% de paro y casi la mitad de sus jóvenes sin trabajo. Ese año se ejecutaron 58.241 desahucios, un récord, mientras el Gobierno congelaba pensiones y recortaba sueldos para tranquilizar a Bruselas. Entonces la gente llenó la Puerta del Sol y no se fue a casa. Las tiendas de campaña se extendieron por todo el país, y las de Madrid resistieron semanas. Pedían cosas grandes y algo vagas: transparencia, fin de la corrupción, dación en pago, control de la banca.
No consiguieron casi nada. La Ley de Transparencia llegó en 2013 sin transparentar gran cosa, y el empleo nuevo fue más precario que el viejo. Lo que sí llegó fue una política nueva.
Pero hubo algo que el relato oficial nunca contó. El 15M no fue una reacción espontánea. En marzo de 2011, cincuenta y tres días antes de la manifestación, se celebró en el Medialab Prado de Madrid el encuentro Redada6: Derechos civiles, activismo e Internet. Allí se habló, sin disimulo, de la posibilidad de iniciar una "Primavera Árabe en España". Los participantes no eran antisistema de barricada: eran Juan Freire, biólogo y experto en "sociedad en red", que profetizó el contagio de las revueltas árabes a las plazas españolas; Leila Nachawati, especialista en libertad de expresión; y Enrique Dans, profesor del IE Business School, que explicó que hacía falta un "evento" que catalizase la indignación. La fecha de grabación del vídeo es anterior a la manifestación. El diseño también.
La financiación tampoco fue popular. El PDLI (Plataforma en Defensa de la Libertad de Información), cuyo tesorero era Stéphane Grueso, impulsor de 15M.CC, admitió financiación de la Open Society Foundations de George Soros. Access Info Europe, que coordinaba el grupo de trabajo de la Asamblea Sol que exigía la Ley de Transparencia, estaba financiada por Open Society y la NED. Martin Varsavsky, fundador de Jazztel, ordenó instalar sus "foneras" —routers wifi— en todas las acampadas importantes. La infraestructura técnica del movimiento quedó vinculada a su persona y, por extensión, a la Fundación Rockefeller.
La dirección real nunca fue asamblearia. Stéphane Grueso coordinó el proyecto "Madrid 15m.cc" y asumió la responsabilidad completa del documental, presentándolo como "una visión muy personal del 15M". Tras la apariencia horizontal, había una dirección efectiva que controlaba la narrativa. Y para crear la ilusión de un respaldo popular masivo, se integraron colectivos variopintos y fácilmente manipulables: grupos esotéricos que esperaban una "revelación de luz", seguidores de extraterrestres, parroquias católicas con sensibilidad social y jubilados descontentos. Los "tontos útiles" aportaron la fachada de diversidad y espontaneidad que el relato necesitaba. La prensa internacional lo bautizó como la "Primavera española", en claro paralelo con las revueltas árabes.
II. Los hijos de la plaza
En 2014 nació Podemos, con el vocabulario de la plaza (casta, regeneración, "sí se puede"), y en 2015 las candidaturas municipales tomaron Madrid y Barcelona. Colau venía de la PAH, la plataforma de afectados por la hipoteca. En 2020 sus herederos entraron en el Consejo de Ministros, y en 2023 se aprobó la Ley de Vivienda con ellos en el Gobierno. Hoy Podemos ya no gobierna, pero su espacio sigue ahí: Sumar comparte Gobierno con el PSOE, y este año Podemos volvió a pactar con IU y Sumar para concurrir juntos a las elecciones andaluzas del 17 de mayo.
Llegaron al poder. Lo curioso es lo que pasó con la vivienda.
III. La vivienda, quince años después
En mayo de 2026 el alquiler marcó su máximo histórico, 15,1 euros el metro cuadrado, y un hogar medio se gasta cerca de la mitad de su sueldo bruto en pagarlo, más del 70% en Madrid y Cataluña. Comprar cuesta un 56% más que en 2014, y se construye una fracción de lo que se construía: unas 110.000 viviendas visadas en 2023 frente a las 550.000 anuales de la primera década del siglo, con un déficit acumulado de 325.000 hogares. Los que acamparon con veinte años tienen ahora casi cuarenta, y sus hijos se disputan habitaciones a 850 euros. Cambiaron las siglas, los ministros y los rostros de los telediarios, y la curva no se enteró.
IV. Septiembre de 2026
Maricarmen tenía 87 años, una discapacidad y setenta viviendo en la misma casa de alquiler. La echaron, y el país se paró a mirar. El Sindicato de Inquilinas de Madrid convocó una marcha, con 25.000 personas según la Delegación del Gobierno y 300.000 según los organizadores. Al acabar, cientos se quedaron en Sol. Piden un "Decreto Maricarmen": contratos indefinidos, precios congelados, moratoria de desahucios. El Ayuntamiento llama ilegal al campamento, y acusa al Gobierno de mirar hacia otro lado.
Dos rostros lo cuentan. Valeria Racu nació en Moldavia, fue actriz de niña, estudió con beca de La Caixa en el colegio UWC de Costa Rica y después en SOAS, en Londres, donde impulsó una huelga de alquileres. Fue copresidenta del sindicato de estudiantes de SOAS, un puesto sabático remunerado con 29.657 libras anuales. Carme Arcarazo, portavoz del Sindicat de Llogateres, es hija de un directivo de Mediapro y se formó en el UWC de Mostar y en Ámsterdam. Coincidieron en la misma promoción de una red educativa que sostienen bancos y patronales: UWC España cuenta con el patrocinio de La Caixa, BBVA, Fundación Rafael del Pino, CEOE, Mutua Madrileña y ONCE. El Sindicato dice vivir de las cuotas de sus 4.000
afiliados y no recibir subvenciones. Su portal de transparencia declara cuotas de 100 euros al año o 10 al mes, y un 10% destinado a una caja de resistencia.
El patrón de liderazgo se repite. Personas formadas en redes internacionales de élite —UWC, SOAS, La Caixa— trasladan metodologías activistas de un país a otro. Racu importó de Londres la huelga de alquileres y la desobediencia civil. No surgió de la nada: trajo un modelo que ya había probado.
Las demandas, esta vez, son concretas. El 15M pedía cosas grandes y vagas; el Sindicato pide un decreto con contratos indefinidos y precios congelados. La estructura formal es asamblearia: asamblea anual, plenarias bimestrales, grupo de coordinación. Pero Racu tiene un protagonismo mediático notable, y eso también es un cambio respecto a 2011. Entonces no había portavoces únicos visibles; hoy hay dos caras que todos reconocen.
Coda
Julio Cortázar dividió a los lectores en dos. Al pasivo lo llamó lector hembra: el que espera que le sirvan la historia y se la den masticada. Al otro lo llamó lector cómplice, que se mete en el libro, salta capítulos y juega. Rayuela tiene un tablero con ese propósito: una casilla tras otra, con el Cielo al fondo.
La baldosa del kilómetro cero de Sol es la primera casilla de la rayuela del país. Cada generación llega, tira la piedra y empieza a saltar a la pata coja, y todas miran al Cielo. En 2011 la piedra llegó lejos y el Cielo no apareció: los que saltaron acabaron sentados en el lugar de los que mandaban. Esta vez puede ocurrir igual, salvo que quien mire desde la acera se decida a entrar en el juego. Nadie puede jugar la rayuela por ti, y el Cielo, cuando llega, lo hacen entre todos.
@Pau_Gabin
28/09/2026
